Cuando trabajábamos en el Listín Diario, el departamento al que pertenecíamos (Recursos Humanos), gozaba de muy buen humor. Éramos creativos, joviales y hacíamos de cualquier condición estresante un chiste. Además, todos teníamos un sobrenombre.
Fuimos creando un diccionario de palabras prohibidas. Cada palabra que prohibíamos tenía algo que ver con un incidente de alguien del departamento.
A Víctor, El Ojú, le daban migrañas cerca de las fechas de pago y prohibimos la palabra Migraña. Nelsi, la del vertedero, se lastimó un pie intentando pisar una cucaracha y después de esto, no se podía mencionar la palabra cucaracha. Fresa, la negra, una vez relataba un accidente en el cual murió un empleado, diciendo en su relato la palabra triciculero en vez de triciclero. Procedimos a prohibir la palabra Triciclero.
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Estas palabras prohibidas me hacen recordar cuando Nurys, la rubia, y *Ángela Luna, la flaquilla, convencieron al nuevo fotógrafo para que les hiciera una fotografía 2 x 2 que necesitaban.
El fotógrafo, tomando en cuenta la profesionalidad de su trabajo, apareció allí a eso de las 2:00 de la tarde con dos sombrillas de las que se usan en los estudios fotográficos, un sistema de luces y un trípode donde instaló su cámara...Cuando instaló todo aquello, no había espacio en la oficina más que para mirar el espectáculo.
Mientras se desarrollaba la escena, la Sub Gerente del departamento atisbaba a través de la ventana hacia donde “la jefa” parqueaba su vehículo, ya que era su hora de llegada. Como las cosas se extreman, ese día la jefa llegó por otro lado porque mandó a corregir una falla en su vehículo y entró galantemente a la oficina, ahora convertida en estudio fotográfico, diciendo con asombro: -"¿Y qué es esto?"...
Todos enderezándose en sus sillas y poniendo atención a sus papeles. Se escuchó un hilarante Ji, ji, ji de la secretaria de “la jefa”; el sentimiento de culpa de la sub gerente y la gran preocupación de Ángela Luna que posaba en ese momento para la foto, se plasmó por igual en el retrato que nunca llegó a utilizar.
Esta fue la situación que primó en el departamento toda la tarde. Yo no estaba en el departamento, pero me enteré rápidamente del suceso. Decidí entrar, pero quería que todos supieran que estaba enterado. Solo se me ocurrió tomar una hoja de papel continuo del más grande que encontré y escribir con un marcador un letrero bien visible que colgué en mi pecho. Al abrir la puerta todos leyeron: Próxima palabra prohibida: FOTOGRAFÍA.

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