Ñagá: parte de nuestra vida...

Es cierto que el agua de Ñagá nunca estaba limpia, pero era una costumbre nuestra de bañarnos ahí, eso fue antes de (los Liranzo) mudarse al 17.
Recuerdo que el vertedero de Haina comenzaba donde comienza el bagazo, detrás había unos manglares donde se cazaban cangrejos, tortugas entre otras especies.Las actividades de los muchachos de la zona, era recoger cobre de los residuos de la Refinería para venderlos donde blanquito y disfrutar de una leche batida donde Don Francisco Álvarez, luego sacar un poco de caña de la máquina y luego ir a darse un chapuzón al lago Ñagá, rico en azufre, y razón por la cual mi madre Doña Juana me daba una pela diaria. Nadie le decía que yo estaba allí... solo me pasaba las uñas por el brazo y la rayita hablaba sola... eso era diario.
Algo que me gustaba, que ha desaparecido, era escuchar la sirena de los barcos entrando al Puerto de Haina, por la mañana ly la sirena de los bomberos anunciando las 12 del mediodía.
Todos estos recuerdos, así como las cosas que hacíamos en el barrio El 17, hace de nuestra infancia algo inolvidable.
SALVADOR VARGAS.
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