Ha pasado mucho tiempo desde que el hombre creyera en la palabra empeñada. En épocas remotas y basadas en la confianza se establecían compromisos que no eran violados por ninguna de las partes involucradas.
La Psicología y Sociología establecen que tenemos confianza cuando creemos que una persona o grupo actuarán de forma específica bajo ciertas condiciones o circunstancias.
Cuando las relaciones entre los humanos están basadas en la confianza, es porque los involucrados tienen un comportamiento transparente, no tienen nada que esconder; al contrario, tienen mucho que ofrecer sin facturas ni dobles sentidos.
Nacemos y aprendemos a confiar en los brazos maternos y seguimos generalizando esta conducta hasta que en un momento alguien nos deja caer y entonces comenzamos a discriminar en quién confiar y en quién no.
Nacemos y aprendemos a confiar en los brazos maternos y seguimos generalizando esta conducta hasta que en un momento alguien nos deja caer y entonces comenzamos a discriminar en quién confiar y en quién no.
El hogar debe ser el lugar de mayor confianza de todos en los que interactuamos. Hogares basados en este valor, se transmiten de generación en generación y lo hacen suyo como familia. Desde la casa saldrán empleados capaces de transmitir este valor, vecinos creíbles, jefes probos, ciudadanos ejemplares.
Sin embargo, ¿dónde ha ido a parar este valor? ¿Qué ha ocurrido con cada proyecto de dos en que ahora ambos entienden que deben ganar en detrimento del otro?
Sin embargo, ¿dónde ha ido a parar este valor? ¿Qué ha ocurrido con cada proyecto de dos en que ahora ambos entienden que deben ganar en detrimento del otro?
Parece que promoviéramos el antivalor de la desconfianza, pues hoy no te atrevas a cruzar el semáforo cuando cambie a verde, porque te llevarás la sorpresa de que del otro lado alguien cruza primero, a mucha prisa, y te da tremenda mirada acompañada de un soberano insulto.
Tampoco te atrevas a reclamar un servicio público que hayas contratado para el hogar o en lo personal, pues te llevarás la sorpresa de que por poco razonable que sea, la razón nunca estará de tu lado y te va a asaltar la impotencia al tener que pagar por un servicio que nunca te dieron.
Pero, no todo se ha perdido. Aún podemos hacer algo. Desde donde trabajes o desde el hogar, podemos ir cambiando esta situación, si llevas a cabo estas recomendaciones.
Cumple fielmente los acuerdos con tus hijos, esposa, compañeros, vecinos, familiares, autoridades, etcétera.
Tampoco te atrevas a reclamar un servicio público que hayas contratado para el hogar o en lo personal, pues te llevarás la sorpresa de que por poco razonable que sea, la razón nunca estará de tu lado y te va a asaltar la impotencia al tener que pagar por un servicio que nunca te dieron.
Pero, no todo se ha perdido. Aún podemos hacer algo. Desde donde trabajes o desde el hogar, podemos ir cambiando esta situación, si llevas a cabo estas recomendaciones.
Cumple fielmente los acuerdos con tus hijos, esposa, compañeros, vecinos, familiares, autoridades, etcétera.
Abre una brecha a la duda de que por convencido que estés de tener la razón, puedes estar equivocado.
Admite tus errores y trata de enmendarlos. Te engrandeces cuando haces esto y generas confianza.
Promueve el comportamiento honesto en todas tus acciones y la confianza volverá a tu entorno.
Respeta las normas de las instituciones en que participes y las leyes de tu país, aunque tengas la sensación de que solo tú lo estás haciendo.
Promueve un mejor país realizando acciones que tú y los demás saben que son correctas, porque están basadas en principios universales.
Admite tus errores y trata de enmendarlos. Te engrandeces cuando haces esto y generas confianza.
Promueve el comportamiento honesto en todas tus acciones y la confianza volverá a tu entorno.
Respeta las normas de las instituciones en que participes y las leyes de tu país, aunque tengas la sensación de que solo tú lo estás haciendo.
Promueve un mejor país realizando acciones que tú y los demás saben que son correctas, porque están basadas en principios universales.
¡Buena suerte, la vamos a necesitar!
Una colaboración de Darío Rodríguez Guante para El Bagazo17
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