Después de mas de un año con nuestros estudiantes en casa producto de la inesperada pandemia, vuelven a las clases presenciales con las mochilas recargadas, dejando un poco atrás la opción de la virtualidad.
Con este reinicio vuelven a reactivarse las alarmas mañaneras, el corre corre para llegar a tiempo, el acostarse temprano, la revisión de las tareas, uniformes, mochilas, loncheras y todo el protocolo de rigor, que esta vez incluye mascarilla, jabón liquido antibacterial y un esperado y necesario distanciamiento social.
Previo a esta entrada, hay que destacar la parte del presupuesto tomada para la cada vez más costosa reinscripción y compra de útiles escolares. Por lo menos habrá un respiro en la despensa, porque artículos que regularmente se consumen en un mes eran devorados en una semana y cuidado.
Habrá una disminución en la tarifa eléctrica, agua y factura telefónica, por el uso constante que hacen de la tecnología, los baños para combatir el intenso calor y las llamadas y chateos frecuentes con amigos y compañeros de clases.
Aunque vuelven los tediosos tapones, es un merecido respiro que tendremos los padres hasta las cercanas vacaciones de diciembre, donde nos gozaremos nueva vez su placentera y adorable presencia a tiempo completo.
Esperamos un compromiso asumido por parte de Autoridades, Padres, Maestros y Estudiantes, para que se cumplan los protocolos de lugar, y evitar un retroceso en el combate al Covid-19 y todo lo que pueda derivarse de este virus mortal.


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