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La inesperada Pandemia

 

Recordando algunas felicitaciones que recibimos en el inicio de este año proveniente de familiares y amigos, hablaban de prosperidad, salud y grandes proyectos a realizar.  Meses después somos sorprendidos por un objetivo que nadie puso en su agenda, la llegada de la pandemia y sin nuestra autorización cambio todos los planes sin la menor compasión, alejando así, todo esperanza de prosperidad, salud y grandes realizaciones.

Millones sin trabajo, estudiantes sin sus clases, vuelos suspendidos, vacaciones postergadas, no celebración por la semana mayor, los eventos deportivos durmiendo una prolongada siesta y el mundo del entretenimiento y el espectáculo reducido a interacciones virtuales para escapar de la amenaza constante del virus por su alto nivel de contagio y el posterior desenlace fatal.

 Hoy en cualquier parte del planeta alguien llora la partida de un ser querido sin siquiera poder despedirlo, porque las manifestaciones de amor y cariño cercanas y el contacto físico no están permitidas.  Los abuelos cuya compañía de los nietos es lo que más disfrutan hoy les está restringida, así como todas las reuniones sociales, para poder combatir esto que a todos nos asecha.

 Cuando creímos que nos sabíamos las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas, nos queda seguir las recomendaciones de lugar para salir ilesos, mantener el distanciamiento físico, uso de los instrumentos de protección, mascarillas, guantes y el lavado constante de nuestras manos.

Es un buen momento para reflexionar y que este tiempo de confinamiento haya servido para provocar que la familia permanezca más unida, que seamos más solidarios, que nos reinventemos cada día y que podamos ser mejores personas.  Como decía mi amada Mamá Dolores, el hombre propone y Dios dispone.

 

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